Es una pena que este sea el futuro de nuestra Unión Europea, una unión que podría haber sido una referencia mundial en paz, en cooperación, en progreso. Pero no, finalmente saldrá por la puerta de atrás de la historia, como tantos otros intentos que acabaron en nada. ¿Y por qué? Porque hemos dejado que vendan Europa, que nos vendan a nosotros. La clase política europea no nos representa; ni siquiera representan a la idea abstracta de nación. Solo se representan a sí mismos y sus intereses personales. No son más que marionetas en manos de la Troika, del FMI, de Wall Street. Esta gente que gobierna a 500 millones de europeos, a algunas de las mayores economías del mundo, a algunos de los países con mayor potencia militar (incluyendo armas nucleares); esta gente solo cumple una misión: seguir en el poder para obedecer los mandatos de las élites fácticas. Igual da monarquía o república, igual da conservador o socialdemócrata, da igual que hablemos de Cameron, Merkel, Hollande, Sarkozy, Renzi o Rajoy: todos, al final, están para lo mismo. Y es que en ese momento pasamos de ser ciudadanos, seres humanos, a ser mercancía, somos un recurso que explotar y del que lucrarse. Si el caso de Grecia aún no es lo suficientemente claro, será peor en cosa de un par de años más. Y es que a nuestros dueños les da igual si hay paz o guerra, si hay crisis, hambre, inestabilidad social, si la extrema derecha crece, si los gobiernos se escudadn en el uso de la fuerza bruta y el autoritarismo, ellos siempre van a ganar. Mientras sigan en el poder, ellos ganarán. Europa se romperá porque a nadie con poder le importa el proyecto europeo. Y Europa no está en una posición cómoda, precisamente. Unas economías tan corruptas no pueden seguir prosperando por mucho tiempo, y aún menos si cada país va por su cuenta. Y quizá por una vez podríamos mirar a cómo está el resto del mundo en el que vivimos que no, no acaba en el Mediterráneo ni el Atlántico.
El imperio estadounidense está cayendo, y nosotros nos empeñamos en atarnos a ellos. Y al lado, en nuestra buena vecina Rusia se está explotando el ultranacionalismo para mantener el sistema corrupto y mafioso que es la Rusia de Putin. Estamos entre un gigante moribundo cada vez más desesperado por mantener sus esferas de influencia y otro cada vez más inestable y peligroso. Y el norte de África es otra bomba de relojería que nos explotará en las narices para hacernos pagar por todos los errores que hemos cometido en el pasado y seguimos cometiendo. El futuro dirá, pero desde luego el futuro de la Vieja Europa no pinta nada bien. Como siempre, la clave para evitar todo esto somos nosotros. Pero a ver si somos capaces de cambiar nuestro destino. De momento solo Grecia se ha revuelto contra sus hostigadores. ¿Haremos lo mismo el resto?

