jueves, 2 de agosto de 2012

De la Revolución Rusa a la #RussianRevolution



Hace ya casi 100 años, el pueblo ruso tomó el control de su país, expulsando a una monarquía tiránica y formando un parlamento real. Poco después, la Revolución Rusa fue secuestrada por los Bolcheviques de Lenin.
Era la primera vez que algo así ocurría y se conseguía mantener, un estado socialista que resistía el asedio de las naciones exteriores y del interior.
Pero aquello no salió bien. Con el conflicto entre Trotski y Stalin, y la política del "Socialismo en un sólo país", la Unión Soviética se institucionalizó y se convirtió en una nación tiránica más.
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética gastó gran parte de sus recursos en la guerra de armamento contra Europa y Estados Unidos. Finalmente, la mala gestión de un corrupto Partido Comunista y el gasto enorme en armas hizo quebrar al país.
Una rama del Partido Comunista, encabezada por Mijaíl Gorbachov, intentó reformar la Unión Soviética para que tomase un nuevo rumbo y así poder mantenerse en el poder. Pero el grado de desintegración estaba ya muy avanzado y no fueron capaces de parar la caída de la Unión Soviética.
Entre el caos que se produjo tras el intento de golpe de estado en 1989, por parte de miembros del Partido Comunista, en el que el pueblo ruso defendió el parlamento de Moscú con su propia vida, surgió Borís Yeltsin. En teoría, él fue quien lideró la defensa del Parlamento. Cuando el orden fue restablecido, Yeltsin fue adquiriendo más y más poder hasta que la Unión Soviética se disolvió en diciembre de 1991.
Yeltsin es una figura clave para entender el régimen actual ruso. Fueron él y sus descendientes los que se aseguraron que Rusia se convirtiera en una nación aún más corrupta y pobre que con el comunismo.
Tras caer Gorbachov, Yeltsin empezó a ultracapitalizar el país. Se eliminaron ayudas, educación, sanidad, y, en general, los servicios que da el Estado a sus ciudadanos. Se privatizó el resto, y las antes empresas soviéticas quedaron en manos de unos pocos empresarios que empezaron a ganar cantidades inmensas de dinero.
La población rusa sufrió un gran desencanto con Yeltsin; de esta manera, tras varias elecciones, el Parlamente tuvo suficiente fuerza como para destituir a Yeltsin. En consecuencia, Yeltsin bombardeó el Parlamento e introdujo un sistema autoritario en Rusia, y las manifestaciones en favor de la democracia fueron sangrientamente reprimidas.
Yeltsin finalmente dejó el poder en 1996 en favor del actual presidente, Vladímir Putin, ex-miembro de la KGB.
Desde entonces, Putin ha detentado el poder en Rusia, disimulando de vez en cuando alternándose con Dmitri Medvédev en los puestos de presidente y primer ministro.
Desde la disolución de la Unión Soviética, la democracia ha brillado por su ausencia en Rusia. Actualmente los rusos son gobernados por una oligarquía, cuya cabeza visible son Putin y su esbirro Medvédev. El resto son un conjunto de empresarios multimilloanrios y de políticos corruptos. Este sistema se mantiene en el poder amañando las elecciones cuando hace falta.
Es contra esto por lo que protestan los jóvenes rusos. Ya lo hicieron en 1989, en el golpe de estado, y también en 1993, en el golpe de estado de Yeltsin.
La brutalidad policial contra unos manifestantes que protestaban por la manipulación en las elecciones legislativas del 4 de diciembre de 2011 hizo estallar nuevamente el polvorín.
La oposición se organizó en bloque; comunistas, nacionalistas, demócratas, todos unidos por la caída de Vladímir Putin.
Desde el 5 de diciembre del año pasado, las protestas en Rusia han sido intensas y bastante continuas, incluyendo acampadas, multitudinarias manifestaciones, etc., que las fuerzas de seguridad rusas se han encargado de reprimir violentamente.
La llama de la revolución, que el pasado año recorrió todo el mundo, finalmente llegó a Rusia. Esperemos que la oposición rusa, heterogénea pero unida en bloque, sea capaz de derrocar a Putin y de perpetuar la democracia finalmente en Rusia.

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