La crisis financiera, que llevó
a la crisis económica, y que ha acabado provocando una crisis social en el
país, es, fundamentalmente, una crisis del capitalismo.
El sistema económico y
político, que pregonó la Ilustración y la Revolución Francesa, y que sustituyó
al Feudalismo y al Absolutismo, da su últimas coletazos de vida.
Las máximas del sistema
capitalista son, en la teoría, la nula intervención del Estado en la economía,
y una pirámide social basada en la meritocracia y la riqueza individual. En la práctica,
sólo se consigue el dominio de la codicia. De esta manera, el capitalismo ha
promovido la corrupción y la intervención de poderes económicos en la política.
Desde que las revoluciones
Burguesas tuvieron éxito, el capitalismo provocó la caída de la calidad de vida
de la mayor parte de la población, los más desfavorecidos, que empezaron a
llamarse proletariados. Lo más irónico es que habían sido ellos los que habían
muerto en las protestas por pedir democracia y libertad.
En seguida aparecieron nuevas
ideas en contra del capitalismo y la burguesía, en forma del ludismo, y más
tarde del anarquismo y el comunismo, que quedaron recogidos en las obras de
Bakunin, Marx y Engels. Todas estas ideas fueron demonizadas y reprimidas por
el sistema.
El caso es que el
neo-liberalismo, la versión moderna del capitalismo, exportada por los Estados
Unidos al resto del mundo, ha empezado a socavar las bases del sistema.
El neo-liberalismo es un
capitalismo radical, que promueve la supresión de cualquier servicio del Estado
a la población, como sanidad, educación… Para que las economías nacionales se
regulen solas. Esto es en la teoría. En la práctica, este modelo sólo consigue arruinar países y el desmantelamiento de la
democracia. En casos como Chile, Argentina, Ecuador, etc., se ha visto que con
el neo-liberalismo ocurre lo siguiente: se realizan recortes sociales,
normalmente sin oposición efectiva por parte de la población. A causa de estos
recortes, la economía cae, y el Gobierno, para protegerse, busca una minoría y
le culpa del estado de la economía. Con la excusa de combatir a esa minoría, se
recortan derechos y libertades.
Esta crisis, como hemos visto,
es el principio del fin del capitalismo. El problema es que, seguramente,
arrastrará consigo muchos países. Quizá esta decadencia dure a lo largo de todo
el siglo XXI, y de nosotros depende acelerar esa decadencia y conseguir que el
sistema que lo suceda sea mejor que su antecesor, en vez de al revés.
Por
otra parte, quizás esta crisis no sea sólo del capitalismo. Quizás lo que esté
en decadencia sea la civilización occidental, que ha detentado el poder desde
que Colón descubrió América en 1492.
Como
otras grandes civilizaciones, como la cultura clásica, Mesopotamia, China,
Persia, etc., la civilización occidental, proveniente de los restos del Imperio
Romano y los invasores bárbaros estaría tocando también a su fin. Todo nuestro
modo de vida, nuestras costumbres, desaparecerían y caerían en el olvido.
Dentro
de Occidente, el poder ha ido cambiando de lugar, dependiendo de cuál fuese la
máxima potencia en la época. Estados Unidos ha sido el último país que se ha
considerado máxima potencia mundial.
Cuando
el “Imperio” de Estados unidos caiga, Europa también lo hará. Tendremos que
darnos cuenta por fin de que ya no somos el centro del mundo.
Ya hay
países que están llamando a la puerta de las potencias mundiales: Rusia, el
resto de América (Canadá, Brasil, Argentina, etc.), Corea del Sur, Australia,
China, la India… Son los países que lucharán por el poder en un futuro no muy
lejano, cuando el capitalismo se haya hundido. Probablemente países como China,
que dependen de la economía estadounidense, estarán en desventaja, a pesar de
que hoy por hoy es el país que más crece.
El
ritmo de la Historia es inevitable. En menos de un siglo Europa pasará a ser
una zona secundaria, sin poder político ni económico. Pero depende de nosotros,
el pueblo europeo, el impedir que con esa caída vayamos detrás, como ha
ocurrido una y otra vez en el ciclo continuo que es la historia de la Humanidad.

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