domingo, 1 de julio de 2012

No más protestas inútiles

Basta ya de protestas inútiles. Desde hace ya más de un año, y durante este tiempo, en España ha habido muchas protestas, dirigidas a todo tipo de injusticias, leyes opresivas, el propio sistema, etc. ¿Y qué hemos conseguido? Nada, absolutamente nada, ¿Por qué? ¿No fueron suficientemente multitudinarias? Sí que lo fueron, y, según pase el tiempo, irán siendo cada vez mayores. Pero no sirve de nada que salgan a la calle millones de personas si no hay unas propuestas firmes sobre la mesa. Es cierto que hay lemas, pancartas, y comunicados, pero eso a los de arriba, a quienes debe llegar el mensaje, no les vale para nada.
No me refiero tampoco a los Puntos de Sol, pues llegaron tan tarde, y fueron tan insuficientes para las verdaderas intenciones de los indignados, que su valor actual es prácticamente nulo.
El método que se debería seguir en las protestas sería el siguiente: se propone un punto, por ejemplo, la modificación de la Ley Electoral. Lo suyo sería que se elaborase una nueva ley, y que se propusiera al Congreso de los Diputados. Si se rechaza, como es totalmente probable, se llevaría a cabo una insurrección civil, de cualquier manera: cortes de carreteras, acampadas, manifestaciones… Entonces sí se estaría protestando con un fin, y, en mi opinión, existe suficiente malestar social como para mantener las protestas hasta conseguir los objetivos que se persigan.
Los mineros de Asturias y León nos han demostrado que hacer retroceder al sistema es posible, es cuestión de ser firme y no rendirse, y tener un motivo concreto por el que luchar.
Por eso os digo, indignados, sindicalistas, republicanos, etc., que debéis cambiar vuestra forma de pensar y de actuar. La política de la pataleta, de la batucada y la cacerola, no es que no sea una forma válida de protestar, pero, sin ánimo de ofender, mimgún gobierno se va a dejar impresionar por un grupo de tambores, o una multitud que deja de protestar y se marcha cuando la Policía se lo ordena.
Ni siquiera sería necesario el uso de la violencia. Lo que hace falta es firmeza, no acatar las normas injustas a la primera de cambio.
Una revolución pacífica es posible en España; pero debemos unirnos, si no todo el pueblo, pues es imposible, todos los que anhelemos un mundo mejor para todos. No debemos dar un paso atrás, pues, si somos capaces de resistir, haremos temblar los cimientos del sistema y el pueblo español volverá a tomar las riendas de su destino. Pero, si no fuese posible, debido, por ejemplo, a una represión brutal por parte de las Fuerzas de Seguridad, habría que recurrir a la violencia, pues esto no es cuestión de imponer ideas, sino de retomar el poder para todos.
Tras esto, hago un llamamiento. Un llamamiento a los ciudadanos de este país que estén hartos, hartos de este gobierno que nos roba y nos miente, hartos de unos medios que manipulan a las masas, hartos de que cada vez se viva peor en un país que quiso entrar en la élite de la economía mundial, y hartos de no poder decir con orgullo que son españoles. No necesitáis el fútbol, coged vuestra bandera, da igual cual, y mostrádsela a los cerdos que están destrozando nuestro país, que es de todos, y que nos avergüenzan delante de todo el mundo. A todos vosotros, os llamo a la rebeldía civil, sin descanso, hasta que el gobierno dimita, hasta que se juzgue a los culpables de la crisis y se formule una nueva constitución, esta vez elaborada por el pueblo, y para el pueblo.
Españoles, uníos, por nuestro país, por el bien común, por la propia dignidad humana y por la libertad. Tenemos que luchar.

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