No me refiero tampoco a los Puntos de Sol, pues llegaron tan
tarde, y fueron tan insuficientes para las verdaderas intenciones de los indignados,
que su valor actual es prácticamente nulo.
El método que se debería seguir en las protestas sería el siguiente:
se propone un punto, por ejemplo, la modificación de la Ley Electoral. Lo suyo
sería que se elaborase una nueva ley, y que se propusiera al Congreso de los
Diputados. Si se rechaza, como es totalmente probable, se llevaría a cabo una
insurrección civil, de cualquier manera: cortes de carreteras, acampadas,
manifestaciones… Entonces sí se estaría protestando con un fin, y, en mi opinión,
existe suficiente malestar social como para mantener las protestas hasta
conseguir los objetivos que se persigan.
Los mineros de Asturias y León nos han demostrado que hacer
retroceder al sistema es posible, es cuestión de ser firme y no rendirse, y tener un motivo concreto por el que luchar.
Por eso os digo, indignados, sindicalistas, republicanos, etc.,
que debéis cambiar vuestra forma de pensar y de actuar. La política de la
pataleta, de la batucada y la cacerola, no es que no sea una forma válida de
protestar, pero, sin ánimo de ofender, mimgún gobierno se va a dejar
impresionar por un grupo de tambores, o una multitud que deja de protestar y se marcha cuando la Policía se lo ordena.
Ni siquiera sería necesario el uso de la violencia. Lo que
hace falta es firmeza, no acatar las normas injustas a la primera de cambio.
Una revolución pacífica es posible en España; pero debemos
unirnos, si no todo el pueblo, pues es imposible, todos los que anhelemos un mundo mejor para
todos. No debemos dar un paso atrás, pues, si somos capaces de resistir,
haremos temblar los cimientos del sistema y el pueblo español volverá a tomar
las riendas de su destino. Pero, si no fuese posible, debido, por ejemplo, a una represión
brutal por parte de las Fuerzas de Seguridad, habría que recurrir a la violencia,
pues esto no es cuestión de imponer ideas, sino de retomar el poder para todos.
Tras esto, hago un llamamiento. Un llamamiento a los
ciudadanos de este país que estén hartos, hartos de este gobierno que nos roba
y nos miente, hartos de unos medios que manipulan a las masas, hartos de que
cada vez se viva peor en un país que quiso entrar en la élite de la economía mundial, y hartos de no
poder decir con orgullo que son españoles. No necesitáis el fútbol, coged
vuestra bandera, da igual cual, y mostrádsela a los cerdos que están
destrozando nuestro país, que es de todos, y que nos avergüenzan delante de
todo el mundo. A todos vosotros, os llamo a la rebeldía civil, sin descanso, hasta
que el gobierno dimita, hasta que se juzgue a los culpables de la crisis y se
formule una nueva constitución, esta vez elaborada por el pueblo, y para el
pueblo.
Españoles, uníos, por nuestro país, por el bien común, por
la propia dignidad humana y por la libertad. Tenemos que luchar.
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