lunes, 6 de julio de 2015

La Pasión Griega

Ocho de la noche del 3 de julio de 2015, Atenas, Grecia. Miles de personas se agolpan en la Plaza Syntagma, la plaza donde se encuentra el Parlamento Griego, y que durante años ha sido testigo una y otra vez de escenas de dolor, de violencia, de desesperación. La plaza ha visto decenas de manifestaciones que se han convertido en disturbios, con muertes incluidas, El 4 de abril de 2012, el jubilado Dimitris Christoulas se suicidaba pegándose un tiro en la sien para mostrar su nivel de desesperación y el de miles de griegos. Se podría decir que la Plaza Syntagma ha sido bastante representativa de todo por lo que ha pasado Grecia desde que comenzó la crisis. Sin embargo, en esta ocasión la cosa era distinta. Estos miles de personas asistían a un mitin del Presidente del Gobierno, Alexis Tsipras, a favor de votar "OXI" ("NO") en el referéndum que transcurriría en el país heleno el domingo 5 de julio. En el referéndum se pregunta a los griegos si aceptan las condiciones económicas que pone la Troika (exige, más bien) al gobierno griego. Esto ocurre tras meses de negociaciones y presiones de Europa al gobierno de Tsipras para que no acabe con las políticas de austeridad que llevan cinco años destruyendo la dignidad (y la economía) del pueblo griego. En la concentración la gente parece estar en una fiesta. Por fin alguien pregunta a los griegos qué futuro quieren para ellos, para sus hijos, para su país. Por supuesto, la respuesta de la Troika no se hizo esperar: Grecia aún vive un corralito en estos momentos, y aún siguen las amezanas de líderes europeos de que si no se comportan, los griegos serán expulsados del euro, de la Unión Europea, etc. Sin embargo, una gran parte de los griegos ya no tiene miedo; su nivel de desesperación, de hartazgo, de sed de ruptura, les llevó a votar a Syriza en primer lugar, y ahora van a decir que NO al neoliberalismo europeo. Se cantan canciones, se vitorea a los ponentes, se habla de España, porque Grecia ahora se enfrenta a un enemigo muy fuerte, y necesita aliados. Quizá nos unamos a ellos en el futuro, quién sabe, pero para eso aún quedan meses, como poco. Finalmente, el pueblo griego habló dos días después: el 61% de los votantes dijo que NO aceptaba las políticas de la Troika. La noche del domingo 5, Atenas se convirtió en una fiesta aún más grande. Era la primera vez que alguien nos preguntaba a los europeos si aceptamos las políticas de "austeridad" y expolio que nos asfixian desde hace años. Y todo el miedo, las mentiras, las amenazas, no surtieron efecto en los griegos. Esta es una guerra que va a marcar el futuro de Europa como proyecto político, económico y social. Y, por desgracia, los ciudadanos la vamos perdiendo. Pero esta pequeña victoria puede ser decisiva, especialmente para el sur de Europa.
Es una pena que este sea el futuro de nuestra Unión Europea, una unión que podría haber sido una referencia mundial en paz, en cooperación, en progreso. Pero no, finalmente saldrá por la puerta de atrás de la historia, como tantos otros intentos que acabaron en nada. ¿Y por qué? Porque hemos dejado que vendan Europa, que nos vendan a nosotros. La clase política europea no nos representa; ni siquiera representan a la idea abstracta de nación. Solo se representan a sí mismos y sus intereses personales. No son más que marionetas en manos de la Troika, del FMI, de Wall Street. Esta gente que gobierna a 500 millones de europeos, a algunas de las mayores economías del mundo, a algunos de los países con mayor potencia militar (incluyendo armas nucleares); esta gente solo cumple una misión: seguir en el poder para obedecer los mandatos de las élites fácticas. Igual da monarquía o república, igual da conservador o socialdemócrata, da igual que hablemos de Cameron, Merkel, Hollande, Sarkozy, Renzi o Rajoy: todos, al final, están para lo mismo. 
Y es que en ese momento pasamos de ser ciudadanos, seres humanos, a ser mercancía, somos un recurso que explotar y del que lucrarse. Si el caso de Grecia aún no es lo suficientemente claro, será peor en cosa de un par de años más. Y es que a nuestros dueños les da igual si hay paz o guerra, si hay crisis, hambre, inestabilidad social, si la extrema derecha crece, si los gobiernos se escudadn en el uso de la fuerza bruta y el autoritarismo, ellos siempre van a ganar. Mientras sigan en el poder, ellos ganarán. Europa se romperá porque a nadie con poder le importa el proyecto europeo. Y Europa no está en una posición cómoda, precisamente. Unas economías tan corruptas no pueden seguir prosperando por mucho tiempo, y aún menos si cada país va por su cuenta. Y quizá por una vez podríamos mirar a cómo está el resto del mundo en el que vivimos que no, no acaba en el Mediterráneo ni el Atlántico.
El imperio estadounidense está cayendo, y nosotros nos empeñamos en atarnos a ellos. Y al lado, en nuestra buena vecina Rusia se está explotando el ultranacionalismo para mantener el sistema corrupto y mafioso que es la Rusia de Putin. Estamos entre un gigante moribundo cada vez más desesperado por mantener sus esferas de influencia y otro cada vez más inestable y peligroso. Y el norte de África es otra bomba de relojería que nos explotará en las narices para hacernos pagar por todos los errores que hemos cometido en el pasado y seguimos cometiendo. El futuro dirá, pero desde luego el futuro de la Vieja Europa no pinta nada bien. Como siempre, la clave para evitar todo esto somos nosotros. Pero a ver si somos capaces de cambiar nuestro destino. De momento solo Grecia se ha revuelto contra sus hostigadores. ¿Haremos lo mismo el resto?


lunes, 25 de mayo de 2015

24-M: las elecciones del cambio

2015, el año del cambio, o, al menos, ese ha sido el mensaje que ha salido de las diversas agrupaciones ciudadanas y partidos que, en medida de lo posible para lo que suele ser la izquierda, se han unido con la intención de echar de las instituciones a la mafia del PPSOE en los ayuntamientos, las autonomías y, en última instancia, del gobierno del país.
Después del paso en falso que fueron las elecciones andaluzas, que en cierto modo fueron una bofetada para los que esperábamos o al menos deseábamos una avalancha de cambio que desalojara cada asiento, cada institución de corruptos, se presentaban estas elecciones municipales como un baremo más real (para desgracia del pueblo andaluz) de la situación real de la política española. A pesar de que Podemos no se presentaba a ningún municipio, habían surgido decenas de movimientos municipalistas, que intentaban aunar a los partidos y los movimientos sociales con más éxito en unos casos que en otros. Tras un corto período de vida, el duelo estaba listo. Colau contra Trias. Carmena contra Aguirre. La ciudadanía, empoderada, contra los poderes fácticos. Después de una campaña (y meses de pre-campaña) del miedo, era el momento de que cada ciudadano español ejerciera su derecho de elegir a sus dirigente locales y autonómicos, uno de los pocos derechos que no se han vulnerado estos últimos años, pucherazos aparte.
Ya han pasado bastantes horas desde que cerraron los colegios electorales, desde que acabaron los recuentos de votos. Y los resultados son tan dispares como sorprendentes.
Más allá de las batallas en ciudades o comunidades concretas, la lectura global es más que positiva. Se podría argumentar que estas elecciones municipales y autonómicas han sido las que han tenido un resultado más positivo para el pueblo español desde el 82, o quizá de toda la democracia. El cambio en la corriente política se ha hecho patente de una forma contundente, así como la caída del bipartidismo, juntando PP y PSOE solo el 52% de los votos escrutados. En Madrid gobernará Manuela Carmena. En Barcelona, Ada Colau. Rita Barberá ha perdido Valencia, y el ayuntamiento será para Compromís. En muchas ciudades como Zaragoza, Cádiz, A Coruña, Santiago de Compostela, Terrasa, etc. las candidaturas municipalistas han conseguido resultados muy buenos, y podrán echar al PP pactando, ya sea dando la alcaldía al PSOE u otro partido o gobernando ellos mismos. Es cierto que el PSOE es un partido que representa los intereses del IBEX 35 y la Troika casi tanto como el PP, pero merece la pena darle un poco de poder ahora con tal de desalojar al PP de los ayuntamientos. Y es que estas elecciones han sido un batacazo para la derecha. El PP va a perder una gran parte de su control sobre la geografía española, incluso de feudos que parecían irreductibles, y Ciudadanos, el partido promocionado por los empresarios y los medios de este país, no ha sido para nada tan decisivo como se vaticinaba y no van a poder dar el gobierno al PP en muchos sitios. Si estamos dispuestos a engañarnos a nosotros mismos y aceptar que el PSOE es parte de la izquierda, la izquierda ha ganado. Bueno, toda no. Izquierda Unida se ha hundido a niveles nunca vistos, IU nunca supo canalizar el descontento ciudadano, ya sea por dogmatismo o por intereses que tengan poco o nada que ver con la política, y la aparición de fuerzas que han revitalizado la izquierda ha hecho que desaparezca en muchos sitios como Madrid, donde ni siquiera la dirección federal se atrevió a pedir el voto para esta formación tras todos los escándalos relacionados con IU-Comunidad de Madrid. Críticas a parte, no han sabido ganarse a la gente, y la historia les ha pasado por encima antes incluso que al PP o al PSOE. Pero lo importante es que la izquierda ha ganado, y ha destruido al bipartidismo en el proceso.
Aún así, es destacable la polaridad de los resultados comparando distintos lugares de la geografía nacional. De la misma forma que en Madrid, Barcelona y Valencia la derecha ha perdido el poder, en Sevilla ha ganado. En la ciudad de Murcia el PP podrá gobernar con el apoyo en mayor o menor medida de Ciudadanos, y en la Región de Murcia casi ha obtenido la mayoría absoluta. En las zonas rurales, aunque no exclusivamente, el bipartidismo sigue vivo. Las grandes ciudades vuelven a ser el motor del cambio, como en tantas ocasiones pasadas, y muchos habitantes de estas ciudades se van a beneficiar a partir de ahora de tener, por ejemplo, gobiernos que no deben un euro a un gran banco. Otros, en cambio, nos vamos a perjudicar al tener en el gobierno a una mafia que se aferra desesperadamente al poder y va a expoliar todo lo que pueda y más, va a morir matando. En el caso concreto de mi comunidad autónoma, Murcia, esto puede haber sido la sentencia de muerte para la Región, ya que con estas elecciones se perpetúa un modelo económico errático y fracasado que solo genera pobreza, corrupción y va a destruir el poco patrimonio medioambiental que nos queda., por no hablar de la precaria situación de la Universidad de Murcia, que, según el rector José Orihuela, podría entrar en bancarrota en menos de dos años, o el incierto futuro que ahora enfrentan los barrios de El Progreso y Santiago el Mayor, siguiendo en el ayuntamiento de la ciudad el partido que está dispuesto a dejar morir esos barrios a cambio de que llegue el AVE a Murcia.
Estas son las dos caras de la misma moneda. Hace poco más de cuatro años del 15-M. Hemos tomado Madrid, Barcelona, y muchas otras ciudades. La guerra que empezamos hace cuatro años, pero que venía de mucho más atrás, sigue su curso. Y de momento no nos va mal, nada mal.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Apáticas Fiestas

Quizás sea una percepción personal, pero me da la impresión de que las navidades en este país son cada vez más apáticas. El pesimismo se ha ido adueñando de cada vez más gente. Y no es para menos, desde luego. La situación del país, tanto de su economía, como de la política, no ha hecho más que empeorar.
Pero a lo mejor lo que ocurre es otra cosa, aún más preocupante.
Una de las peores cosas que ocurren durante las crisis es la pérdida de los valores. Esto, viviendo en una sociedad consumista, materialista, insolidaria, egoísta, competitiva y excluyente como es la nuestra puede no parecer ser malo, pero el problema llega cuando no hay una alternativa. Y es que cuando el sistema que impone los valores a la mayoría cae, como es el caso, estos valores, al desaparecer también, dejan un vacío que la masa, de entrada sumisa, no sabe llenar. Este fenómeno se está materializando perfectamente estos años. La época navideña es la fiesta (orgía, más bien) consumista por excelencia. En estos días lo que hay que hacer es comprar mucho, cosas probablemente innecesarias, y si son caras mejor, hay que tirar mucha comida, si es cara mejor, y todo esto para mostrar tanto el amor que se siente por nuestros seres queridos como lo alto que es nuestro nivel de vida. Esto es casi un dogma para la sociedad de consumo, y lo sigue siendo hoy en día.
Pero claro, esto, que tenía mucho sentido en los tiempos de "bonanza", cuando eramos los dueños del mundo y en teoría a todos nos salía el dinero por las orejas (nos portábamos así, al menos), va perdiéndolo en los tiempos de la Gran Recesión, con una población ahogada por los recortes, la bajada de salarios, el despido libre y el pago de una deuda que no es suya.
Porque la gente quiere consumir, pero ¿cómo lo va a hacer? ¿Cómo va a gastarse 800 euros una familia en regalos, marisco y sidra, si ambos padres están en el paro desde hace dos años y no saben si van a poder pagar los estudios de los hijos? Y después de este impedimento, viene lo demás. Porque si se pierde el sentido de una fiesta como la Navidad (que es consumir, hemos acordado), ¿tiene sentido lo demás? Pues en muchos casos el resto del artificio lo pierde, como las luces, el árbol de navidad, etc. Hasta los pobres de las historias de Dickens lo pasaban mejor en Navidad.
Pues bien, todo esto es peligroso. No, la pérdida de la identidad de la Navidad como fiesta consumista no lo es. Lo es esta pérdida de valores que está viviendo la sociedad occidental, especialmente los países que están pagando más la crisis. Un buen ejemplo de este peligro es lo que ocurrió en Rusia, y los países que formaban parte de la Unión Soviética, cuando esta colapsó. Con la caída del comunismo, el capitalismo más radical hizo su aparición encabezado por las grandes multinacionales occidentales y la desaparición de cualquier forma de estado de bienestar, dejando a la población totalmente desprotegida, todo esto apoyado por gobiernos corruptos y, cuando hizo falta, asesinos, como el de Boris Yeltsin en Rusia. Todo esto provocó en los pueblos de estos países un shock del que aún no se han recuperado. La esperanza de vida disminuyó drásticamente. Las cárceles rusas se llenaron, y las tasas de alcoholismo se dispararon. Aún hoy en día, no son pocos los grupos de ultraderecha que usan simbología imperialista, comunista, cristiana ortodoxa y fascista. Todo a la vez. Esto se ha visto claramente en la guerra de Ucrania, en la que se pueden ver grupos de este tipo tanto en el bando pro-europeo "demócrata" como en el pro-ruso "antifascista".
A este tipo de cosas se expone la población europea. Por ello Amanecer Dorado, el Frente Nacional y el UKIP han multiplicado sus apoyos en sus respectivos países. Pero esta no es una causa perdida. Hay alternativas, y de hecho estos momentos en que los esquemas sociales, políticos y económicos se resquebrajan son una ventana a la entrada de estas. Es deber de la propia sociedad velar por sus intereses, y elegir la alternativa que la lleve a avanzar, a quitarse de encima, en medida de lo posible, ese cáncer que es la sociedad de consumo. Pero hasta entonces solo nos queda celebrar estas apáticas fiestas.

martes, 23 de septiembre de 2014

Seamos ingenuos

Seamos ingenuos. Digamos que llegó el momento del cambio. Que todo esto era cuestión de proponérnoslo seriamente. Que las herramientas siempre han estado ahí. Que el sistema tiene brechas más grandes de lo que pensábamos.
Digamos que podemos ganar en unas elecciones tradicionales a los partidos de la oligarquía, que un partido que recoge gran parte del legado del 15-M puede desenvolverse y, desde dentro, hacer los cambios que el 99% necesita.
Imaginemos que la gente les va a votar.
Por un momento seré pesimista (¿o realista?) y diré que la historia no está precisamente de nuestro lado. Nunca lo ha estado, de hecho. ¿Cuántos grandes procesos sociales, a lo largo de los siglos de revoluciones, guerras, sangre y destrucción que conforman la historia de Europa han conseguido más de la mitad de sus objetivos en retrospectiva? Prácticamente ninguno. ¿Qué pasó, a lo largo de los siglos, con cada gobierno popular, o incluso remotamente preocupado por el pueblo? Que sucumbieron a las conspiraciones continuas de las oligarquías y clases gobernantes del resto de potencias.
Aún con todo, creo que merece la pena apostar por esto. Yo he sido, desde que tengo una mínima conciencia política, un revolucionario convencido. Un revolucionario por obligación, ya que el sistema siempre me ha parecido escrito en piedra. Los hechos que acaecieron en este país y el resto del mundo desde 2011 me dieron la razón: protestas, violencia policial, guerras civiles, muerte, sufrimiento… todo motivado por el deseo de cambio de una parte de la población y la brutal negativa desde el poder. En “democracias”, dictaduras militares, gobiernos autoritarios… en todos sitios era igual. Pero este año me ha hecho cambiar de parecer.
Si recordáis, este 2014 empezó más que bien. Lo que ocurrió en Gamonal fue ejemplo de lo que un vecindario puede conseguir solo con organizarse y no dar un paso atrás ante los abusos del poder. Luego Can Vies. El 22-M y los días siguientes. La victoria de la Marea Blanca en Madrid. La paralización de la nueva Ley del Aborto y la dimisión de su principal promotor en el gobierno, el ministro Gallardón. Y lo más importante de todo: las elecciones europeas del 25 de mayo. La posibilidad de un grupo parlamentario fuerte que representara nuestros intereses apareció de repente, como de la nada. Por supuesto, no fue así, pero eso es otro tema.
Durante años, hemos ido avanzando sin saber muy bien a dónde íbamos. Había conquistas, eso seguro, pero la sensación de estar perdiendo la partida era constante. Ahora no tenemos una certeza absoluta ni mucho menos, ya que hay muchos peros a Podemos y las plataformas al estilo de “Guanyem”: ¿Pueden ganar las elecciones? ¿Gobernarán como se supone que tienen que hacerlo? ¿Funcionará esta revolución democrática? Y lo más importante: ¿La dejarán funcionar las oligarquías, los bancos, las grandes empresas nacionales e internacionales, que serán las principales víctimas de estos hipotéticos gobiernos populares?

El camino que tenemos por delante está lleno de obstáculos y dificultades. Pero por lo menos tenemos un límite en el horizonte: el año que viene, 2015, habrá elecciones tanto municipales/autonómicas como generales. Está claro que entre Zapatero y, sobre todo, el nefasto gobierno de Rajoy, la llamada cultura de la Transición, el Régimen del 78, el bipartidismo... todo se desmorone. A ver cómo reaccionan los poderes fácticos cuando realmente vean su poder y sus privilegios peligrar. Pero, hasta entonces, aplacemos la revolución. Demos una oportunidad a esta gente que dice que nos representa y que quiere que participemos en el cambio. Todos los días no se tiene una aparente oportunidad de tumbar un régimen con tanta facilidad. Seamos ingenuos.

domingo, 29 de junio de 2014

Condenados a repetir la historia.


Hace poco más de un año, escribí en este blog un artículo sobre el entonces aparente ascenso de la ultraderecha en Europa y del autoritarismo en general por todo el mundo. Pues bien, resulta que hace poco hubo elecciones al Parlamento Europeo y, ¡sorpresa! en muchos países europeos resulta que partidos fascistas, racistas, euroescépticos y/o ultranacionalistas se han llevado gran parte de los escaños que los socialdemócratas y los democristianos se han dejado tras años de austericidio y políticas económicas desastrosas.
En estas europeas la tendencia ha sido clara: en Francia el Frente Nacional de Le Pen ha arrasado, en el Reino Unido el UKIP asciende como la espuma, y en otros países como Austria, Dinamarca, Alemania, Hungría, etc., los partidos ultraderechistas han crecido mucho. Por no hablar de Amanecer Dorado, que continúa siendo una fuerza importante en Grecia, y la alta participación de grupos nazis y ultraderechistas en los dos bandos del conflicto en Ucrania, tanto nacionalistas ucranianos como pro-rusos.
Realmente las elecciones europeas han supuesto un varapalo al bipartidismo, que ha sido reinante en toda Europa durante décadas, hasta el punto de que los dos grupos mayoritarios en el Parlamento Europeo han tenido que aliarse para continuar su monopolio legislativo, pero en la mayoría de países este giro a la derecha no trae sino más complicaciones para prever el futuro político de Europa. Es cierto que, por ejemplo, en Francia, las políticas xenófobas no son nada nuevo, y que en Grecia parece que SYRIZA se va a llevar el gobierno en las próximas elecciones legislativas, pero es un problema para los que queremos parar las políticas neo-liberales de la Troika.
Los nacionalismos y el racismo son un cóctel peligroso, y por lo visto ni siquiera la Europa de la Unión se salva de ellos. Durante siglos hemos derramado la sangre de millones de personas por ello, pero no hemos aprendido nada. Hace unos 100 años que un nacionalista serbio mataba al archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, desatando un infierno que dejaría a media Europa sin jóvenes. Hoy, la gente vuelve a recurrir a este tipo de ideologías en respuesta a una crisis del capitalismo.
Aún así hay esperanzas. Como he dicho, en Grecia es muy probable que SYRIZA llegue al poder dentro de poco. Aquí en España cada vez se habla más de un frente amplio de izquierdas al estilo del Frente Popular, con IU, Podemos, Equo... para capar al PPSOE de una vez por todas, en Italia el bipartidismo también cae, y en Portugal la derecha pierde apoyo. Parece que el sur de Europa lleva una velocidad distinta al resto del continente. De hecho, se podría decir que, hoy por hoy, España y Grecia son las dos grandes esperanzas para la izquierda europea. Aparentemente, la gente de los países que más han sufrido esta estafa llamada crisis, los PIIGS, somos los que más concienciados estamos sobre el cambio necesario en este continente. Pero mucho me temo que el poder no está en el sur. Atendiendo a lo ocurrido en anteriores crisis, el ascenso de estas tendencias llevan inequívocamente un aumento de los conflictos y, finalmente, a la guerra. Sería el peor de los escenarios, por supuesto, pero una cosa está clara: Europa poco a poco está saliendo del escenario internacional. Nuevas potencias van surgiendo en el resto del mundo y nosotros nos empeñamos en mirarnos al ombligo y pensar que todo va a seguir como hasta ahora. Pero no, eso no va a pasar, no si continuamos manteniendo a una clase gobernante que solo busca beneficios personales, por encima del bienestar de la ciudadanía e incluso del de los propios países. Si la gente toma el poder, esto podría revertirse, se podría modernizar la economía europea, hacerla social en vez de destructiva, sacarla del rumbo que lleva actualmente, que es hacia la desaparición total. Ya que la democracia representativa ha demostrado fallar estrepitosamente en casi todo, parece ser responsabilidad de los ciudadanos europeos, del 99%, impedir que Europa pierda su peso en la política mundial, y que se convierta en el museo al aire libre más grande del mundo en las próximas décadas.

sábado, 28 de junio de 2014

Razones para creer


15 de mayo de 2011. Cientos de miles de personas por todo el país se movilizan para clamar por una democracia real. Lo que pasaría durante las siguientes horas, días, semanas... es historia. El 15-M quizá no fuera la revolución que muchos queríamos (y necesitábamos), pero desde luego supuso una revolución interna difícil de olvidar.
Muchos fuimos los que nos ilusionamos, y también muchos fuimos los que se decepcionaron cuando ocurrió lo inevitable; éramos ingenuos, no sabíamos que las revoluciones no se pueden hacer en dos semanas, especialmente tras décadas de una tranquilidad política casi total. Pues bien, desde entonces ha llovido mucho. Tuvimos que aprender a golpe de porra que las fuerzas de seguridad siguen actuando como agente represor al servicio del gobierno, y que los medios convencionales, en los que solíamos confiar, son como perros que ladran a todo aquel que lleva la contra a sus amos, los poderes fácticos. Durante este tiempo, la gente ha seguido protestando, movilizándose y organizándose, cada vez por una causa, y, a la vez, siempre por lo mismo, sin que nos diéramos cuenta de las transformaciones que estaban ocurriendo bajo nuestros pies, de cómo España iba cambiando poco a poco.
De repente estamos en 2014. Ya hace más de tres años de aquel revulsivo que fue el 15-M. El país que habitábamos en aquel distante 2011 ya no existe. Nos hemos topado con una España, una realidad, muy distintas.
La España de 2014 es un país en el que las ciudades se sacuden entre disturbios y contenedores ardiendo. Un país en el que el bipartidismo y la política de partidos se resquebrajan en todos los frentes, un reino, cuya familia real tiene un futuro incierto entre tantas tensiones e inestabilidad. Desde luego, queda muchísimo para alcanzar cualquiera de los objetivos que nos pusimos, y que exigimos a la clase política en 2011, pero hay motivos para creer.
Porque sí, ahora hay motivos para creer que se puede hacer algo con este país. Siempre tendemos a pensar que el sistema está grabado en piedra, que no hay revolución posible porque la gente nunca se va a mover, está demasiado aborregada y es demasiado cómoda. Pero eventos como las luchas vecinales en Gamonal, los sucesos tras el desalojo de Can Vies, y muchos otros casos por todo el país, donde hemos visto vecinos organizados, resistiendo de forma activa ante la represión; la aparición de Podemos, un partido que no solo recoge el discurso del 15-M, sino que además pone en práctica gran parte para organizarse y fomentar la democracia participativa, y el hecho de que en solo cuatro meses consiguiera casi tantos votos como Izquierda Unida en las elecciones europeas del 25 de mayo, la incansable lucha de la PAH, parando desahucios, ocupando edificios, la multitudinaria manifestación del pasado 22 de marzo en Madrid, donde más de un millón de personas nos unimos pidiendo dignidad, libertad... Todo esto nos ayuda a mantener la fe en un futuro mejor.
Pero tampoco hay que ser ingenuos, no cometamos el mismo error que hace tres años. Hemos andado mucho, pero estamos lejos de haber conseguido nada, por no decir que cada vez vamos más hacia atrás con estos gobiernos neo-liberales de PP y PSOE, que han supuesto un esfuerzo continuo por limitar derechos y libertades al 99%, y eso no ha cambiado para nada.. La guerra acaba de comenzar, todo lo hecho hasta ahora ha servido para poder empezar a plantar batalla al gobierno, las grandes empresas, los bancos, a la Casa Real, a la Troika, y abrir vías para que la gente tome el poder real, que sea la ciudadanía la que gobierne. Es imposible saber en qué van a derivar finalmente toda esta tensión social, todas estas prácticas autoritarias del gobierno, toda la violencia. Pero una cosa es clara: se avecinan tiempos convulsos, una oportunidad de oro para participar de cualquier lucha, cualquier cambio posible. Seguimos jugando.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Condenados a repetir la historia?


Mi último artículo en este blog fue publicado el 1 de septiembre de 2012, hace muchos  meses. Desde entonces, han pasado muchísimas cosas: el 25-S, una huelga general, casos de corrupción al más alto nivel, el problema del genocidio financiero ha llegado a los medios de comunicación, se ha aceptado la ILP (aunque ha sido adulterada al máximo), los escraches de la PAH, la monarquía ha seguido en caída libre, Jordi Évole se ha convertido en una celebridad, hostias en Barajas, disturbios en Jerez de la Frontera, la enésima traición a los trabajadores por parte de los sindicatos... Ha sido un tiempo para reflexionar y hacer retrospectiva sobre todo esto que ha pasado.
Se ha visto cómo la ciudadanía se ha organizado, por fin, sobre todo en los países del Sur de Europa, en vistas a formar una resistencia efectiva contra los poderes fácticos. Ejemplo de esto es la Marea Ciudadana en España, los movimientos en contra de la Troika en Portugal, en Grecia e Italia, movilizaciones ciudadanas en México, Paraguay, Turquía, la aparición (o refuerzo) de partidos que, aunque siempre sospechosos de ser populistas, proponen algunas alternativas al sistema actual como IU en España, el Movimiento 5 Estrellas en Italia, SYRIZA en Grecia...
Sin embargo, todo este movimiento (2012 fue el año con más manifestaciones y huelgas en mucho tiempo) parece ir a la deriva, no se decanta firmemente por un objetivo concreto. Unos piden la dimisión del gobierno, junto a la redacción de una nueva constitución. Otros, se limitan a clamar en contra de los recortes y a pedir al ejecutivo actual una política más social. Parece que el impulso inicial del 15-M se ha disociado en multitud de pequeños movimientos que no llegan a cuajar. Quizá sólo sea cuestión de tiempo que tengan éxito, pero, hoy por hoy, estos movimientos de "resistencia" corren el riesgo de desaparecer entre la pasividad ciudadana causada por la falta de resultados claros y la represión del gobierno. Y mientras tanto, otro tipo de fuerzas empiezan a agitarse desde las profundidades de la clase media de todas las naciones del planeta.
Esta nueva/vieja "izquierda" no es la única respuesta que está habiendo ante la destrucción de los derechos y el nivel de vida de la ciudadanía. Por todo el mundo, asistimos con estupor a la aparición de múltiples movimientos de corte ultraderechista: en Francia, el movimiento en contra del matrimonio gay, el Amanecer Dorado griego... Si fuesen casos localizados, no sería cuestión de alarma, pero la tendencia es clara: el autoritarismo y el totalitarismo se están expandiendo a marchas forzadas.
La imposición global del neo-liberalismo ha venido acompañada de un resurgimiento de corrientes nacionalistas, racistas, fundamentalistas religiosas, e incluso fascistas. Los ejemplos están por todas partes: la represión del P.R.I. en México; el Tea Party en los EEUU; el autoritarismo de Erdogan en Turquía; la violencia en Grecia por parte del propio estado y de los neo-nazis de Amanecer Dorado; el avance del poder de la Iglesia Ortodoxa en Rusia; la imposición de la Sharia en los países del Norte de África; y bueno, aquí en España, para qué vamos a contar, con las "reformas" del gobierno del PP y el aparente retorno de la influencia de la Iglesia en el ejecutivo.
La última vez que ocurrió esto fue durante la Crisis del 29 y la Gran Depresión, que también supuso el alzamiento de los estados fascistas en Alemania, Italia, España, Portugal, y que a su vez supuso el caldo de cultivo perfecto para que estallara la Segunda Guerra Mundial.
Sesenta millones de muertos y el terror nuclear deberían recordarnos que los problemas del mundo no se solucionan odiándonos y matándonos entre nosotros. Y el problema es que, si los movimientos ciudadanos no logran imponerse sobre la Troika y sus respectivos gobiernos, podríamos estar avocados a repetir, amplificados, los errores del pasado, sumándose además la amenaza medioambiental que pesa sobre nuestras cabezas de forma cada vez más apremiante. No dejemos que esto pase, no por nosotros, sino por nuestros hijos y nuestros nietos, no les obliguemos a repetir los mismos errores que cometieron nuestros abuelos.