La guerra
civil es el peor tipo de guerra. En vez de una masa que clama en contra de los
habitantes de otro país, motivada por gente con intereses ocultos, la gente
clama por matar a sus iguales, sus compatriotas.
Además, durante las guerras civiles los países quedan arruinados y la población, muy empobrecida.
Además, durante las guerras civiles los países quedan arruinados y la población, muy empobrecida.
Pues ese
tipo de guerra está ocurriendo ahora mismo en Siria. Durante el año pasado, los
sirios salieron a protestar a la calle influenciados por la Primavera Árabe. Los manifestantes, en principio, pedían más
democracia para su país, que ha sido una dictadura desde los años 60.
La
respuesta del gobierno, encabezado por el dictador Bashar Al-Ashad fue clara:
casi desde el primer día, las manifestaciones fueron salvajemente reprimidas,
primero con gases lacrimógenos y electrochocks, y después con armas de fuego y
cañones de tanques.
Durante
algunos meses, las manifestaciones
siguieron siendo pacíficas, pero Al-Ashad no dio ni un paso atrás. Hacia
octubre, habían muerto unas 3000 personas.
Como era
inevitable, ante la violencia del gobierno y la pasividad de Occidente, el
movimiento se acabó radicalizando. Los opositores se organizaron y formaron un
gobierno independiente, y empezaron a reclutar un ejército para derrocar a
Al-Ashad. Así estalló la guerra en Siria.
La
oposición empezó atacando pequeños convoys en las regiones del sur del país,
pero su ejército fue creciendo y han llegado a intentar tomar la capital,
Damasco, aunque sin éxito.
Mientras
tanto, el mundo se ha dividido en cuanto al apoyo de una u otra parte. Europa y
Estados Unidos apoyan a la oposición Siria con la esperanza de poder conseguir
su petróleo en contrapartida a Rusia y China, que esperan mantener ese
beneficio.
Debido a
esto la ONU está dividida en cuanto a las medidas que hay que tomar respecto a
Al-Ashad. Rusia quiere que siga en el poder, mientras los demás quieren que
salga del poder en seguida.
Mientras
tanto, la guerra continúa en el país árabe. Ya han muerto más de 8000 personas
mientras la guerrilla rebelde empieza a cansarse de que grandes partes de la
población se oponga a ellos. En muchos casos, usan a los civiles o a los
periodistas extranjeros como escudos humanos, provocando muchas más muertes de
las que podría haber.
Los que más
sufren en esta maldita guerra son los civiles. Los que peor lo están pasando
son, sin duda, los que viven en las ciudades que son bastiones de los rebeldes,
como Homs, porque son donde el Ejército Sirio se emplea con más dureza. El
ejemplo más reciente es la ciudad de Homs, que ha sido salvajemente bombardeada
durante varias semanas. Nos han llegado noticias de los reporteros enviados
allí que hablan de hospitales abarrotados de heridos, de barrios que son
reducidos a cenizas y de civiles ejecutados a cientos.
También es
interesante que los jóvenes, los que iniciaron la revuelta, movidos por buscar
un futuro mejor, se han encontrado con un porvenir totalmente hecho añicos.
En efecto
fueron los que, desde que empezó la revuelta, sacudieron las calles gracias a
Internet y las redes sociales, y nos hablaron de las torturas a las que se
veían expuestos cuando las autoridades sirias les detenían.
Pero ahora
todo ha cambiado: después de un año, la lucha se ha hecho demasiado dura para
ellos. Además, probablemente hayan tenido que dejar de estudiar para enrolarse
a la guerrilla o para trabajar porque su padre ha sido reclutado a la fuerza, o
ha sido detenido, o ha muerto en un bombardeo.
“Ahora el problema no es sólo Al-Ashad”
dice Abdelaziz ben-Rashid a un reportero
de France Press: “Yo no apoyo actos de
violencia que pueden comprometer al pueblo Sirio”, continúa: “Pero eso no significa que no salga a la
calle a protestar”.
El caso de
Siria podría ser comparado al de Libia: un ejército popular, que después de
mucho esfuerzo, acaba por derrocar al dictador. Pero no es así. Al gobierno
sirio lo apoya Rusia, al contrario que a Gadafi, y esta guerra civil parece que
amenaza por convertirse en una guerra a mayor escala, por lo que las naciones unidas están totalmente
paralizadas mientras miles de personas mueren y luchan en Siria.
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