Pero es mentira. Por poner un ejemplo, la "pacífica policía" moderna ha matado, desde que llegó la democracia a este país, a varias personas, como los trabajadores que hacían huelga en Vitoria el 3 de mayo de 1976, que fueron tiroteados y gaseados cuando estaban en asamblea. Murieron tres personas.
Además de los muertos, que pueden no parecer muchos, ha habido, literalmente, miles de heridos. Los ejemplos más modernos serían las cargas policiales contra estudiantes, el 15-M, o trabajadores en la huelga general, los disturbios que se provocaron en 2003 por las manifestaciones por la paz en Madrid, los desórdenes en Cartagena de 1992, en los que se quemó la Asamblea de la Región de Murcia, etc.
La Policía está para mantener el orden en el país. El problema es lo que se entiende por "orden". Para gente como Felip Piug, consejero de interior de la Generalitat Catalana, orden es no protestar en la calle, aunque sea pacíficamente. Y por eso ha recomendado endurecer el Código Penal para que los responsables de desórdenes públicos, que pueden ir desde quemar un cajero hasta no hacer caso a un agente si manda desalojar una calle, sean juzgados como terroristas. "Se ha sido muy permisivo durante años". Dice.
Lo cierto es que esta persona en un país europeo moderno no sería el responsable de las fuerzas del orden. Quizá estaría en la cárcel. Lo que quiere este hombre es que España sea una dictadura, sin tapujos, en la que la gente haga lo que diga el gobierno o se atenga a las consecuencias. Sería igual que con Franco. Y lo peor es que Cataluña es como un adelanto siempre, tanto para lo bueno como para lo malo. Lo que pasa en Cataluña, siempre acaba pasando unos meses después en el resto de España. El gobierno y las Comunidades Autónomas están plagados de gente como él. Y, en parte, es una de las razones por las que llaman a España una democracia y no lo es.

No hay comentarios:
Publicar un comentario