lunes, 2 de abril de 2012

La violencia endémica de la Policía


27 de mayo de 2011, y tras casi dos semanas de protestas pacíficas, la policía cargaba en Barcelona contra ciudadanos pacíficos que protestaban pacíficamente. Hubo unos doscientos heridos, y, en general, la opinión pública fue de sorpresa. Nadie se esperaba seriamente que un cuerpo de seguridad de un país democrático pudiese ser tan represivo. De hecho, muchos dicen que este hecho provocó definitivamente el asentamiento del Movimiento 15-M, al demostrar que, a pesar del silencio que hacían los políticos, tenían miedo.
Pasaron los días y, nuevamente, destapado el velo de la policía, hubo nuevas cargas. En Valencia, en Baleares, nuevamente en Barcelona... durante las tomas de posesión de los nuevos (o antiguos) presidentes, concejales, etc. de cada Comunidad Autónoma.
Sin embargo, después de estos sucesos, la cosa se tranquilizó un poco. Ante la llegada del verano, las protestas se relajaron bastante y no hubo más violencia. Pero todo esto cambió el 1 de agosto, cuando la policía desmanteló el punto de información que estaba en la Puerta del Sol. Hubo continuas manifestaciones en Madrid aquel día y los siguientes, en los que la Policía cerró a cal y canto la Puerta del Sol en la "Acampada Policía". Después de varios días de protesta, la policía acabó cargando, pero esa misma noche los manifestantes volvieron a entrar en la Puerta del Sol. A aquella altura, a nadie en España le sorprendió que los antidisturbios abusaran de la ciudadanía.

Pasamos a diciembre de ese mismo año. En la Puerta del Sol, la policía, nuevamente cargó contra unos ciudadanos del movimiento Yo No Pago, cuando acudía a una manifestación, y días más tarde en otra manifestación en la misma plaza. A la gente, a esas alturas, ya le daba igual la violencia de la policía.
Avanzamos hasta febrero de 2012. En el Instituto Lluis Vives, en Valencia, los estudiantes protestaban por la mala condición de la educación pública. Primero, la policía se los llevó a rastras. Después, al haber protestas en contra de la violencia policial, la policía cargó. Al día siguiente hubo una manifestación en toda regla, y la policía cargó otra vez, produciéndose una batalla campal en las calles de Valencia. La opinión pública, en muchos casos manipulados por los medios de comunicación, se puso esta vez de parte de la policía. Se dijo que hubo unos violentos que tiraban piedras a la policía. Pero ¿qué violencia fue antes, la de los estudiantes o la de los policías? Todo apunta a que fueron los policías los que comenzaron la batalla campal.
Más tarde se repitieron sucesos similares en Barcelona, y lo mismo durante la huelga general del 29 de marzo, donde un joven perdió un ojo en las protestas de Barcelona.
A pesar de esto, los policías en sí no tienen ninguna culpa. Ellos están para cumplir órdenes, y nadie les pregunta si están o no de acuerdo con los ciudadanos a los que pegan. De hecho, muchos se han posicionado a favor del 15-M mediante comunicados o en las asambleas.
La Policía Nacional, cuyo deber es el de proteger a la ciudadanía está siendo usada por los gobernantes para acallar las protestas en su contra. Es de los políticos, y no de los ciudadanos ni de los agentes, la responsabilidad de la violencia que, tarde o temprano, amenaza con tomar las calles de las ciudades españolas.

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