Los iraníes, que contaban con una educación más bien pobre (lo sigue siendo), eran muy tradicionalistas y muy religiosos. Por eso estaban en contra de la dictadura pro-americana del Sha y, a la vez, a favor del Ayatolá, que había sido exiliado.
Desde 1963, las protestas comenzaron, y finalmente en 1979 los iraníes salieron a la calle.
En un principio, las protestas sólo pedían la salida del Sha. En ellas se podían ver comunistas, socialistas, demócratas, pero también ultrareligiosos.
Los manifestantes partidarios del Ayatolá acabaron secuestrando la revolución y, aprovechando la salida del Sha aquel año, se hicieron con el poder. Se hizo un referéndum sobre si Irán debía ser una república islámica, que probablemente fue manipulada (el 99,9 % dijo que sí).
Quedaba así instaurada la República Islámica Iraní actual. En ella, los verdaderos gobernantes son religiosos y existe un presidente que debe tomar algunas decisiones, y se mantiene gracias a unas elecciones manipuladas.
En este contexto, en 2009 se celebraron unas elecciones presidenciales, y los sondeos se decantaban por el partido reformista, en contra del que estaba en el gobierno desde el 79, con Ahmadinejad en cabeza.
Los reformistas estaban seguros de que podían ganar. Pero a la hora de las elecciones, recibieron sólo el 33% de los votos.
La oposición iraní en seguida salió a la calle a protestar, y a su vez fueron seguidos por muchos jóvenes que también se oponían al régimen de los Ayatolás.
Las manifestaciones que en principio fueron pacíficas, se convirtieron en batallas campales contra las fuerzas de seguridad iraníes, que no sólo usaron balas de goma y gases tóxicos, sino también fuego real. Se cree que murieron entre 20 y 200 civiles en las luchas callejeras.
Estas protestas son importantes porque fueron las primeras en las que se usó Twitter y Facebook para comunicarse entre los manifestantes. Además, debido a la censura estatal en el país, la oposición daba sus propias noticias independientes vía Twitter, así como vídeos, como el de la manifestante Neda Agha Soltan desangrándose en el suelo después de haber sido tiroteada por la milicia pro-gubernamental.
Las protestas duraron durante algún tiempo, pero la oposición acabó siendo detenida y las protestas sangrientamente reprimidas.
Sin embargo, el legado que dejaron los jóvenes iraníes que murieron aquellos días sigue vivo tanto en su país como en todo el mundo gracias a la utilización de las redes sociales para convocar manifestaciones y dar noticias independientes, que aun hoy, son de importancia vital para las protestas en todo el mundo.
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